Me quemas.
Me quemas como le quema la vida a aquel niño al que bajar seis veces seguidas por el tobogán aún le sabe a poco.
Me quemas como todas tus miradas y algunos silencios, pero me quemas aún más en esas sonrisas.
Me quemas sin quererlo porque si quisieras esto serían cenizas y no tinta. Me quemas porque eres fuego y hielo.
Por mucho y poco.
Por aquello y lo otro.
Por frases como estas últimas, y las que están por venir, que no dicen nada pero salidas de tus labios lo son todo.
Me quemaste, me quemas y me quemarás pero juro que no arderé más que en deseo.
Me quemas con el frescor de tus besos, me quemo sólo con pensarlo.
Me quemas cuando el mundo parece cada vez más frío.
Me quemo porque no salen las palabras, sólo las ganas de besarte.
Me llevas quemando cinco años. Dime que te sobra energía para otros cinco.
Me quemas e irónicamente cuanto más me quemas más vivo me siento.
Vamos a seguir quemándonos.