Tengo

Tengo sueño y pocos sueños. Un ligero dolor de cabeza. Una botella regalada de aquel día que me inflé a sushi, gintonics y miradas de famosos. Un ratón prestado. Un diccionario convertido en sustituto de alfrombilla para el ratón. Un par de velas que no encenderé hasta el día 24. Un vídeo reproduciéndose a través de Youtube en el que Raúl Cimas dice que José Mercé es su madre, podría serlo. Un ordenador portátil sobre el que aporrear teclas que me permite imaginar que dentro vive un ser microscópico que, con cada golpe, lleva las letras elegidas hasta el documento word. Tengo el Pages, no el Word, ahora que caigo.

Tengo una pizza para cenar, de jamón york y queso, la tunearé con algo más, orégano, bacon y quizá un huevo al medio. Tengo también ensaladilla rusa industrial y un vaso de nata y chocolate. En la tapa pone que es una copa, pero siento que no merezco un trofeo. Tengo que hacerle más caso a Carlos Ríos. Tengo poco hambre para esta idea de cena. Tengo que cenar ya, si no luego no puedo dormir. Tengo que pensar ya qué peli me pongo después, si no luego el catálogo de Netflix me cena a mí. Me devora. Efectivamente, ese si no no va junto, sino que va separado.

Pero lo que más tengo son ganas de verte. De abrazarte. De besarte. De que me cantes, que me encanta. De mirarte con las gafas de amar de cerca. De olerte. Tocarte. Escucharte. Ganas de hacer una de esas enumeraciones supuestamente hermosas en las que se habla de alguien a través del concepto de los cinco sentidos. Ah, pues ya lo he hecho. Ganas de escuchar en directo a Foals. Casualidad que me acabe de poner su canción Late Night después de ver a Buenafuente.

Todo esto tengo. No es poco. Pero me sabe a nada si no te tengo aquí a ti.

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