Año 2174

Han pasado más de cien años desde que una terrible epidemia asoló el planeta. Todo ha cambiado. La Tierra se recuperó y no solo eso, mejoró. Prosperidad económica. Medio ambiente bastante entero. Igualdad. Paridad. Ahora todo va bien. Quizá demasiado bien. Estamos ante un mundo en el que la gente es tan tan tan progresista que al final nos hemos pasado de rosca. Se han terminado repitiendo los mismos errores que en el pasado. Seguimos siendo igual de imbéciles que antes del virus pero con estereotipos y roles de género invertidos.

Los niños avergüenzan a sus padres al ser pillados jugando al fútbol o con Action Man. Las chicas adolescentes son humilladas en el instituto si visten como solían vestir las chicas, con largas melenas y vestidos bonitos. Algunas empiezan a odiar su cuerpo, se ven delgadas en comparación con sus amigas y quieren engordar, se atiborran a ultraprocesados a escondidas. Las cifras de maltrato son similares a las de antaño, solo que ahora las que pegan y matan son ellas. A los heterosexuales les cuesta salir del armario, las pocas personas que lo hacen pasean con sus parejas con miedo por la calle, sin cogerse de la mano ni besarse. Solo pueden sentirse tranquilas en la semana del orgullo hetero. Las profesiones relacionadas con la salud mental ya no existen. Después de la pandemia todo el mundo se hizo más fuerte y aprendió a gestionar sus problemas. Los ancianos tienen más amigos que nunca, pasan las horas escuchando trap en sus casas y jugando al Fortnite. Sus nietos están tan bien educados que siempre quieren ir a visitarles, jodiéndoles la tranquilidad.

La culpa fue de las marcas. Durante la epidemia bombardearon al ser humano con demasiados mensajes positivos. «Saldremos más fuertes», «Aprovechemos esto para ser mejores», «Tenemos una oportunidad para no repetir los errores del pasado». Al final mira, nos pasamos de guays. Con ser solo un poquito mejores nos habría valido. Pero no, siempre queremos más. Tantos mensajes contra el capitalismo, tantas verdades destapadas y al final resulta que nos da igual la oferta, siempre demandamos más. El capitalismo somos nosotros.

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