Patada en los refranes

Dice un refrán que «Más vale malo conocido que bueno por conocer». Sí, toda la razón. Más vale un mal amigo que conocer uno de los de verdad. Mucho mejor aguantar el maltrato de tu pareja que elegir una nueva vida. Apetece más escuchar por vigésimo cuarta vez hoy el Despasito que descubrir el Don’t let me be misunderstood de Animals. Mucho más recomendable ese Big Mac con extra de ketchup (¿ketchup?¿katchup? ¿ketchup?) que esas verduras que jamás aceptaré probar. Que sí, que mucho mejor lo malo conocido.

Una de las experiencias de las que más aprendí estudiando Bachiller me sorprendió en un recreo cualquiera mientras me preguntaba si odiaba más el chope o la mortadela. Fue una frase que nunca olvidaré, dicha por un amigo: «Se puede sustituir la parte final de cualquier refrán por «patada en los cojones» sin que este pierda su significado». Una afirmación de tal calibre había que corroborarla y como buenos pseudo intelectuales de 16 años nos pusimos a ello. «Cuando el grajo vuela bajo, patada en los cojones». «Más vale pájaro en mano que patada en los cojones». «A grandes males, grandes patadas en los cojones». «A palabras necias, patada en los cojones». Valía todo. No había uno solo que se quedase ser golpeado en sus partes pudientes. «En abril, patada en los cojones». Suerte que esto lo descubrimos en mayo.

Años más tarde, creo haber entendido el significado de aquel experimento. Los refranes pretenden simplificar, de manera similar a lo que hacen los prejuicios y estereotipos, conductas humanas con el fin de facilitar nuestra comprensión de hechos cotidianos. Porque «A caballo regalado no le mires el dentado» no es más que un «hay que ser agradecido» con un fino toque de retórica. Lo mismo pasa con el «Aunque la mona se vista de seda, mona se queda» que viene a ser un «Las apariencias no lo son todo» o aquel «El que canta sus males espanta» que es una especie de abreviación muy acertada de «Cuando cantamos se activan en el cerebro mecanismos de felicidad similares a practicar deporte o sexo».  El funcionamiento de patada en los cojones no es más que un grito al inconformismo, una caricia a la inteligencia, un soplo de aire fresco a nuestra conciencia.

Sí, amigos, una patada en los cojones (metafórica) a tiempo puede salvarnos de cometer uno de los más perversos actos que hoy día tienen lugar en nuestra sociedad: Prejuzgar. Sin embargo, haciendo uso de una frase hecha, «Más vale malo conocido que bueno por conocer» puede ser la excepción que confirma la regla. ¿Peor algo malo a lo que ya estás acostumbrado o que te sorprendan con una patada en los cojones? Putos refranes, haciéndonos no pensar y pensar al mismo tiempo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio