Caperucita Roja 2.0.

Un día la mamá de Caperucita le pidió que fuese a casa de su abuelita, tenía que llevarle los botes de suplementos alimenticios que había pedido en una web china. 2 kilos de proteínas, tres kilos de barritas de hidratos, medio de creatina y un kilo de aminoácidos. Caperucita, que era una clienta habitual del McFit, el gimnasio lowcost de moda, tenía un físico portentoso así que no le suponía ningún esfuerzo llevar tanto peso. La única pega es que el día anterior había hecho pecho y bíceps y aún se encontraba algo congestionada. Como ese día era día de piernas decidió ir andando para no perder volumen.

A mitad de camino se encontró con El Lobo. Le habían advertido que llevase cuidado con él. Era un tipo muy fuerte, de aspecto temible, y las malas lenguas decían que se pinchaba para estar así. A pesar de ello, Caperucita le contó hacia donde se dirigía. El Lobo le indicó que el camino más rápido y seguro era el que tenía a su derecha pero Caperucita decidió ir por la izquierda para así trabajar mejor sus cuadriceps. El Lobo, se marchó por la derecha.

Caperucita llegó a casa de su abuela y encontró la puerta abierta. “La yaya chochea con tanto batido” pensó. Entró y vio a la abuelita en el salón tumbada en su banco de pesas.

-Abuelita, qué bíceps más grandes tienes

-Le estoy tirando que flipas a las mancuernas.

-Abuelita, qué dorsales más bien definidos

-La clave es una buena técnica al hacer el remo

-Abuelita, qué piernas más delgadas tienes.

-Pff…tonterías. Mira qué abdominales.

En ese momento, la policía irrumpió en casa de la abuelita dando voces. Pusieron a ambas contra el suelo, les colocaron los grilletes y las llevaron a comisaría. Al tiempo se supo que toda la familia estaba involucrada en una trama de dopaje. Eran traficantes.

De El Lobo nunca más volvió a saberse nada.

FIN

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