Me tienes hasta los cojones. A mi y a todo el mundo. Créeme, hay gente muy enfadada. Mucho loco y loca suelto que cada día lucha como si fuese el último. Y eso es lo que quieres llevarte, su mañana. Jóvenes, mayores, ancianos, también niños. Hay que ser un sinvergüenza para meterte con un niño. Asqueroso. Pero no te confundas, ellos suelen ser los más fuertes. Nadie les ha enseñado a tenerte miedo.
Y no pierdas de vista a los otros locos. Los que luchan junto a los anteriores. Esos que también sufren. Los que muestran sonrisas pero esconden lágrimas. Familia, amigos, personal de hospital, etc. Ojo también a los que, casi sin medios, trabajan día a día para borrarte esa sonrisa de mierda. Ay si los que deben les diesen más recursos…qué poquito te quedaba.
No te confíes. Aunque aún no sepamos cómo vencerte para siempre, seguimos dando pequeños pasitos hacia delante. No eres tan fuerte como crees. Vale, es verdad que vences en más batallas de las que nos gustaría pero ser fuerte es mucho más que eso. Ser fuerte significa luchar hasta el final contra un enemigo a priori más poderoso. Ser fuerte es que te digan que has perdido, reírte y prepararte para el siguiente combate. Los que de verdad son fuertes terminan ganándose el respeto de los demás, y tú, pedazo de mierda, no tienes el respeto de nadie.
Lo sé, sé que cuatro palabras de un juntaletras enfadado no van a acobardarte. Pero atiende, huye. Vete. Corre y no mires atrás. Porque si lo haces verás que no vamos a dejarte en paz. Que vamos a por ti y no pensamos hacer prisioneros. Da igual cómo. Investigando, curando o dando apoyo a quienes lo necesiten, allí estaremos. Porque ya nos has quitado demasiado. Porque no mereces ni una lágrima más. Ni un “Al menos ha dejado de sufrir, ya puede descansar”. Porque ahora eres tú el que no va a poder dormir.
Sí, hace tiempo que te has dado cuenta. Cada vez te cuesta más engordar tus estadísticas. Esas cifras de valientes que te has llevado ya no suben tanto como antes. Estás perdiendo fuerza. Se te nota. Estamos más enfadados y mejor preparados. Y tú, tú estás solo. No eres más que un fuego descontrolado que quema todo a su alrededor. Pero no olvides esto, entre las cenizas que vas dejando a tu paso seguiremos plantando las semillas que tarde o temprano convertirán en paraíso esto que ahora es desolación. Spoiler: tú no vas a formar parte de ese paraíso. ¿Aún sigues ahí? Tú mismo, el principio de tu fin ya ha comenzado.
Anda, haznos un favor y muérete, cáncer.