Cada vez que miro dentro de la habitación de tus ojos sólo estamos los dos. Espacio hay de sobra pero ven, te quiero bien cerquita. Aquí podríamos poner esa lámpara cutre de Ikea que tanto te gustó. Y en aquel rincón del fondo algo de Basquiat. Los malos pensamientos mejor en este cajón que se atascó, que no podamos abrirlo. No sé, lo que veas, yo lo único que necesito es que tus labios me hagan sentir nada otra vez.
Abro la ventana, miro al sol, pienso: no soy tan tonto, ni si quiera lo fui cuando casi dejé que te fueras. Yo veía todo negro, tú querías que lo viese blanco. Menudo marrón. No podíamos borrar nuestros grises pero teníamos algunos colores más. ¿Pintamos algo?, me preguntaste.
Y entonces me di cuenta de que seguías pensando en mí, o eso me hago creer. Pobre infeliz. Toda la vida creyendo que nadie era lo suficientemente bueno para ti y ahora te preguntas si eres suficientemente bueno para ella. Toma brochazo. Hazte un poco así, no, más arriba, un poco a la izquierda, ahí, en el centro de tu estupidez.
Ven, aún queda un hueco que llenar. Todavía podemos acercarnos más. Que no quepa ni el aire, que se ponga celoso. Como me gusta decir, que pase lo que tenga que pasar. Así nos relajamos, que sean otros los que tomen decisiones mientras nosotros nos tomamos. A secas, sin hielo. Para qué ponerlo si con una mirada lo derrites todo. Porque, permíteme que te diga, en esta habitación que son tus ojos hace mucho calor. Creo que nos sobra ropa.
-Te quiero.
-Vale. ¿No prefieres algo de Warhol antes que de Basquiat?
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¡Me encanta Víctor! ¡Ojala seguir leyéndote muchas veces más!