Apufff. Vaya diita, ¿no? Da igual cuando leas esto. Si hoy has tenido uno bueno te hacemos un vale para que lo cambies por otro peor.
Y nada, eso. Que tiene pinta de que esto va a ser una especie de pseudo manifiesto en contra o a favor (lo vamos viendo sobre la marcha) de la futilidad del ser. Tan fútil como estas palabras. Así, a la una y media de la noche. Eso sí, mañana a las ocho en punto en pie. Alguien. Algún humano. Por lo que sea no se llamará Víctor.
Y bueno, poco más. Tenía pinta de que esto iba a algún lado pero parece que no. En cuanto me de cuenta de que la belleza del sonido que producen mis dedos golpeando las teclas del ordenador no es más que una idea que Hollywood ha metido en mi cabeza se acabará este texto. Seguramente debería haberse acabado hace ya rato. Quizá ni tendría que haber existido. ¿A partir de cuántas palabras de gestación es moralmente aceptable abortar un texto? Dicen los doctores que este igual sale un poquito…especial, pero quiero darle una oportunidad. Cuando nazca, si es que cada nueva palabra no se considera ya nacida, se encontrará con un padre que lo deseaba. Si bien es cierto que no en estas condiciones, pero sí en una idea preconcebida. Esperaba otra cosa, sí, y qué. También esperaba más de la segunda temporada de Stranger Things. Y de la de No sé cuántas Reasons Why. De la segunda de Cosas de casa no podía esperar más. Steve Urkel ya nos dio bastante.
Por qué, pensarás. A santo de qué me tiene este chico leyendo aquí cuatro frases mal escritas, carentes de sentido alguno, cuando debería estar (complete la frase a su gusto). Pues mira, que hoy han pasado cosas y pensaba que tenía algo interesante que decir sobre dichas cosas pero va a ser que no. Que podría decirlas, ojo. Pero no sé. Podría hablar sobre un día cualquiera que hace que te plantees quién eres, quién quieres ser, qué estás haciendo con tu vida, por qué estás haciendo esto, por qué no estás haciendo lo otro, quién engañó a Roger Rabbit y para qué sirven exactamente todas estas preguntas.
“Víctor, eres imbécil. Devuélveme el tiempo que me estás robando”.
Sí, soy imbécil.
Da igual cuándo leas esto.