El viejo bar de Jimmy

Hoy he vuelto al viejo bar de Jimmy. No es que tenga uno nuevo, es que, después de 60 años arreglando y destruyendo vidas, las paredes ya no se tienen por sí solas. El bueno, y viejo, de Jimmy es un tipo noble, de los de verdad. No conocerás un barman mejor que él. Empezó a trabajar en “El viejo bar de Jimmy” cuando el nombre aún hacía referencia a su padre. Tenía solo 14 años. Tiempos difíciles, diría Eastwood en la mitad de sus películas. Obviamente este no es el verdadero nombre del bar pero todos lo conocen como “El viejo bar de Jimmy”. Qué más da, si terminamos convirtiéndonos en aquello por lo que nos conocen. Por eso él siempre ha sido más viejo que su edad.

Jimmy ha vuelto a hacer eso de fingir que limpia la barra para poder escuchar con detalle mis problemas. Esta idea la saqué de Sheldon Cooper. El problema es que yo hoy no tenía ninguno. Los dejé todos ayer bajo la sombra de un árbol de hoja perenne. ¿Es perenne la mejor palabra española con dos enes juntas? Así que, puestos a fingir que limpiaba la barra, le he propuesto la jugada más enrevesada jamás vista. Un camarero contándole sus problemas al cliente. ¡BOOM! Genialidad literaria. Me gustaría decir que soy amigo de Jimmy pero aún no me lo he ganado. Cliente es, de momento, el máximo rango que puedo lucir en la solapa de mi ego.

Resulta que el bueno, y viejo, de Jimmy no puede más. Ha perdido la cuenta de los días que han pasado desde que se convirtió en Rocío Jurado. Se le rompió el amor de tanto usarlo. El bar era su vida. Una vida heredada. ¿Significa eso que nunca la ha sentido suya? Jamás se lo ha preguntado. Lo más cerca que estuvo de hacerlo fue una noche de agosto del ochenta y seis. Justo unos segundos antes de que empezasen a sonar los primeros acordes de “All along the watchtower”. Ya sabes lo que pasa, si Hendrix aparece tus pensamientos desaparecen. Subió el volumen y hasta ahí llegó la pregunta. Sí, se le rompió el amor de tanto usarlo. Tendría que haber leído las instrucciones.

Me ha dicho Jimmy que el futuro para quien lo quiera. Nadie le espera ya. Ni si quiera los proveedores, el muy cabrón se las ha apañado siempre para pagar religiosamente sus facturas. Si hay una lista de morosos pero al contrario, Jimmy es su dios. En ese momento estábamos los dos solos. Just the two of us. Quítale lo romántico, ponle un ligero olor a humedad y un cuarto de cerveza caliente y ya lo tienes. Me ha hablado de una tal Betty. La recordaba con torpeza. Rubia, morena, alta, flaca, gorda, tetas pequeñas, tetas gigantes. No ha habido manera. Betty, a secas. Su superlike o supermatch, llámalo como quieras. Hubo una época en la que solo estaban ellos. Just the two of them. Ahora sí, ponle lo romántico.

A Betty y a él, al contrario que el bar, el amor se les rompió de no usarlo. El bueno, y viejo, de Jimmy entregó su corazón una única vez. Lo hizo con catorce años, cuando sirvió su primera birra. Un corazón regalado para siempre. Sin ticket de devolución. Durante la mitad de su vida pensó que no lo necesitaba. Ya inventaría alguna manera de reponerlo. Pero nunca pudo. Un Ferrari con piezas de repuesto de otra marca no es un Ferrari. -Joder, Jimmy, si tanto lo querías, ¿qué coño te ha pasado? Este sitio es tu vida- le he dicho. ¿Su respuesta? -No puedes encerrar un corazón entre cuatro paredes y tirar fuera la llave. Pasarás el resto de tus días buscando la manera de recuperarla. Eso no es una vida.

Hoy he vuelto al viejo bar del bueno, y viejo, Jimmy y parece que será la última. Después de nueve años me ha invitado por primera vez a una copa. Ha sacado un vinilo, lo ha colocado con toda la suavidad que sus estropeadas manos le han permitido, y lo ha pinchado. No han hecho falta palabras de despedida. Nina Simone guardaba las mejores para un momento así.

Es un nuevo amanecer.
Es un nuevo día.
Es una nueva vida.
Para mí.
Y me siento bien.

-Toma, cierra tú.

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