El 2020 de Juan Luis fue un asco. Perdió su trabajo, su pareja, su casa, parte de su salud y el respeto por sí mismo. La higiene, la alimentación y en general lo que le quedaba de vida pasó a un segundo plano. Un día a principios de noviembre Juan Luis estaba tirado en el mohoso sofá de su mohosa chabola viendo su casi mohosa tele. Él no lo sabía, pero estaba a punto de ver un anuncio que le cambiaría la vida para siempre.
«¡11 del 11 de la ONCE! 11 de millones de euros pueden ser tuyos!» Juan Luis sintió cierta curiosidad pero nada más. El spot terminó y le sucedió uno del champú Pantene Pro V. Juan Luis era calvo. Bah, exclamó. Apagó la tele y se fue a su también mohosa cama.
A la mañana siguiente Juan Luis volvió a encontrarse con el anuncio de la ONCE, esta vez en un pequeño cartel colocado en el escaparate de una papelería. Al día siguiente nuevamente, en la radio. Al otro día, un banner en su página porno habitual. Juan Luis estuvo una semana entera encontrándose con el dichoso anuncio. La gota que colmó el vaso de su resistencia pasiva fue una gran lona que cubría el edificio más grande de la Calle Mayor. “11 del 11. Si no juegas, no te toca”. Sea pues.
Juan Luis entró en la administración lotera más cercana y, como una revelación, vio la solución a todos sus problemas. Entre muchos otros números ahí estaba su salvador, el 11111. Este, este es, este va a tocar. Lo compró y se fue corriendo a casa con la prisa y el recelo de quien acaba de sacar mil euros del banco.
El día del sorteo Juan Luis no salió del salón. Esperó pacientemente mirando al infinito hasta la hora en la que anunciaban el ganador. Llegó el momento. Juan Luis estaba tranquilo. Sabía que le iba a tocar. Una señal del destino como la que él había experimentado durante todos esos días no iba a quedar en vano. Y además ese número. Ese número no podía fallar. Lo tenía todo atado. La suerte no era ningún misterio inalcanzable para él, él era la suerte. “Y el número ganador es el 11112”. Mierda.
Pasaron los años y Juan Luis, que había permanecido en lo alto de la ola de la esperanza, consiguió rehacer su vida. Una nueva pareja, nueva hija, nueva casa y nuevo trabajo. Incluso nuevo pelo, qué bonita es Estambul. Pero Juan Luis tenía un secreto. Juan Luis odiaba su vida. Juan Luis en el fondo seguía obsesionado con el sorteo de la ONCE. Esos once millones iban a ser suyos tarde o temprano. Durante todos esos años siguió comprando pero jamás le tocó. Probó con prácticamente todas las combinaciones de números: cumpleaños, fechas históricas, números importantes en películas, hasta su nombre en código binario. Nada.
Nada hasta que un día, viendo a su hija interpretar Romeo y Julieta en una obra de teatro del colegio, encontró la clave. “Si lo hubieran sabido a tiempo habrían sido felices”, pensó. “Un momento. ¡Eso es!”. Juan Luis se levantó y salió corriendo del auditorio. “El tiempo, joder, el tiempo. Siempre ha sido el tiempo jajajaja”. Llegó a casa, abrió el portátil y empezó a teclear. Cómo viajar en el tiempo. ¿Es posible viajar en el tiempo? Leyes de la física. Física para principiantes. Física para muy principiantes. Cómo construir una máquina del tiempo.
Ahí comenzó la segunda ola de declive de Juan Luis. Obsesionado perdió toda conexión con la vida que estaba llevando. Otra vez sin pareja, otra vez sin trabajo, otra vez sin casa. Eso sí, ahora tenía una meta y ninguna estúpida ley espacio temporal iba a pararle los pies. Alquiló un trastero con el espacio suficiente para poder trabajar en su proyecto y dedicó cada hora de su vida a ello.
Pasaban los años y a su lista de pérdidas se sumaron más kilos de los deseados y tres mil euros en pelo. Pero nada, nada, nada, absolutamente nada, le iba a separar de sus amados once millones. Hasta que un día, por fin lo consiguió, había construido una máquina del tiempo. Juan Luis empezó probando con pequeños objetos y pequeños saltos temporales, éxito. Luego pasó a animales vivos, más éxitos. No tenía todas las certezas pero se negaba a esperar más, llegó el momento de dar el paso. Viajaría justo a unas horas antes del sorteo del año en el que comenzó su obsesión y compraría el 11112. Así recuperaría el control de su vida y escaparía de la mentira que había estado viviendo todos esos años atrás.
La máquina del tiempo no se parecía en nada a las de las películas. Nada de grandes dimensiones, nada de cables ni espectaculares plataformas. La máquina que Juan Luis había desarrollado era simplemente un antiguo Tamagotchi reacondicionado. Llegó el momento. Accionó la secuencia de comandos necesaria y su cuerpo desapareció en un instante.
-Disculpe, ¿podría decirme qué día es hoy?
-Miércoles 11
-¿De noviembre?
-Sí, claro.
-¿Pero del 2020?
-Emmm…sí…perdone, tengo prisa.
Lo consiguió. El cenizo de Juan Luis había viajado al pasado. Entró corriendo en la administración lotera y, sin saber cómo, esperó pacientemente haciendo cola con una sonrisa gigante dibujada en su cara. Por fin. Por fin era su turno.
-Hola, deme el 11112 para el sorteo de hoy, por favor.
-Ay, pues se acaban de llevar el último hace nada. ¿Quiere otro?
Juan Luis murió de un infarto en el acto.
Al mismo tiempo, en el anterior presente de Juan Luis, la policía entró en el trastero de Juan Luis. El dueño le había denunciado por impago e iban a desahuciarle. Tras un par de horas analizando todo, encontraron entre sus escasas pertenencias un boleto de lotería para ese día, once de noviembre. El número era el 00011, justo el ganador que habían anunciado unas horas antes.