Goofy, Orlando y Bloom

En el verano de 2003 me convertí en Goofy. No te alarmes, esto tiene una explicación. Me convertí en Goofy porque empecé a trabajar en Disneyland. Por aquella época yo era solo un muchachito tímido que ansiaba conocer mundo. El mundo no parecía muy ilusionado por conocerme a mí, la verdad.

Llegué allí pensando que, por mi nivel de inglés, no podría aspirar a más que un puesto de limpiador o algo así. Resulta que el día del casting grupal yo era el más alto y torpe, dos requisitos indispensables para el papel que más tarde me dieron. Un humillante comienzo, pero comienzo al fin y al cabo.

Así que nada, ahí andaba yo aquel verano. 7 horas al día vestía de Goofy y daba vueltas por el parque, tropezándome con farolas, unas veces a propósito y otras veces no, y haciéndome fotos con todo tipo de niños. En serio, hay muchísimos tipos de niños: altos, bajos, flacos, gordos, gorditos, rellenitos, grandotes, listos, listillos, tontos, estúpidos, llorones, maleducados y finlandeses, que van a parte.

No lo he dicho, pero mi parque no era el de París, era el de Orlando. Esto es importante por lo que viene a continuación. Casualidad que un día apareció por allí uno que se llamaba igual pero se apellidaba diferente: Bloom. Acababan de estrenar Piratas del Caribe y, en aquel entonces, Bloom era ya más famoso que el pavo que hacía de Legolas. El tipo caminaba por el parque pseudo camuflado con una gorra, gafas de sol y poco más. Disfraz malísimo para pasar desapercibido porque desde siempre ha sido el atuendo oficial de los famosos. Si lleva gorra y gafas de sol oscuras es famoso. Si además va acompañado de cuatro o cinco niños de diferentes razas, que resulta son sus hijos, es famosísimo. 

La verdad es que a mí el trabajo me daba más bien igual así que aquel día, uno especialmente aburrido, encontré en Orlando Bloom mi pasatiempo preferido. Me dediqué a seguirlo por todo el parque para ver qué hacía. A veces pasaba por su lado y exclamaba «Qué pasa, Jack Sparrow». No conocía de nada al tipo, pero en mi cabeza era la broma perfecta, imaginaba que le jodería. La soltaba y me iba, haciendo como que seguía a lo mío, pero luego volvía a seguirle. Y otra vez «¡Qué dices, Jack! ¿Un whiskyto?» y me marchaba.

El tipo me ignoraba por completo. Era consciente de mi existencia y de mi intento de burla pero pasaba. A cada intentona yo me iba poniendo más nervioso, necesitaba su atención, no sabía muy bien para qué pero la necesitaba. Al final perdí los nervios, me acerqué a él, le agarré por los hombros y le grité «Mírame, hijo de puta, ¡MÍRAME! ¿Te crees alguien por ser un piratilla de tres al cuarto que está teniendo cierto éxito en taquilla? ¿Eh? ¿Eh? Pues escúchame no eres nadie, ¡NO ERES NADA!». Cabe recordar que toda esta escena ocurrió mientras yo estaba disfrazado de Goofy. 

Bloom se quedó petrificado. No sabía qué hacer. Yo podía haberlo dejado ahí, pero su nula respuesta todavía me encendió más. Tenía que haberlo dejado ahí.

Totalmente fuera de mí me acerqué a uno de sus hijos, lo levanté del suelo y comencé a gritarle «¡Tu padre es un miserable! Tu padre no lo sabe pero se va a quedar atrapado en un personaje del que nunca va a poder salir. Nadie le llamará nunca para nada más. Se va a quedar sin trabajo. Dilapidará su fortuna en drogas que le ayudarán a no pensar en su fracaso. Tú y tus hermanos os veréis abocados a la misma espiral de drogas. Caeréis en la miseria. Delinquiréis. Seguramente tú acabarás haciendo pajas a viejos raros en algún rincón oscuro de Central Park a cambio de unas monedas. Alguno, el más listo, venderá vuestra vida en un programa de tele basura a cambio de uno miles de dólares que se convertirán en aún más droga. ¿No lo ves? ¿No lo ves pequeño ser infrahumano?».

Cuando cesó mi discurso, caí en la cuenta de que hacía rato que yo en realidad estaba en el suelo inmovilizado por miembros de seguridad del parque. Orlando, en un perfecto mexicano, le contaba a uno de los guardias lo que había pasado. El tipo hablaba castellano demasiado bien. Sospechosamente bien.

Resulta que no era Orlando Bloom.

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