Historias poco corrientes

#1

En 1987, en la ciudad de Grand Forks en el estado de Dakota del Norte, nació John Dickinson, el primer humano en la historia que nació con una flor pegada a su cabeza.

El acontecimiento corrió como la pólvora hasta hacerse mundialmente conocido. Médicos, científicos y biólogos de todo el mundo se acercaron hasta Grand Forks para interesarse por el caso. Al parecer, las raíces de la flor habían crecido de manera natural arraigando perfectamente en su cerebro. Extirparla era impensable, pues llegó a demostrarse que tanto John como la flor no podrían sobrevivir el uno sin la otra.

John se hizo mayor y su historia, lejos de apagarse, siguió creciendo. Hicieron de él una película, una serie, escribieron libros y mucho más. John se mudó a Los Ángeles y allí conoció al amor de su vida, Emma, con la que se casó y tuvo tres hijos, ninguno heredó su curiosa genética.

Años más tarde, en 2021, tú estás leyendo esto. Igual no te va del todo bien, pero seguro que ya es mucho mejor de lo que le va a alguna persona en cualquier parte del mundo. O incluso a gente cercana. Se podría decir que has nacido con una flor en el culo. Quién sabe, quizás algún día alguien escriba alguna historia sobre ti.

#2

En el año 2022, el ingeniero William James R. Price inventó las gafas de empatizar de cerca. Se trataba de un complejo artilugio que permitía a su portador conectar automáticamente con la persona que estuviera al otro lado del cristal. Esta conexión, lejos de la que podía darse con las fracasadas Google Glasses, se daba a nivel emocional. Con las gafas del señor Price, uno podía ver de cerca al alma de las personas. Su pasado, sus miedos, sus dudas, sus emociones. Ante este descubrimiento la respuesta de quien llevaba las gafas era inmediata: un sentimiento de empatía como nunca antes se había visto.

Tras años de fracasos con “los zapatos que de verdad te ponen en los zapatos de los demás” o su versión castellana “la piel con la que sí te pones en la piel de los demás”, William James dio con la clave de las gafas y consiguió por fin desarrollar el invento definitivo con el que crear empatía de la nada.

A raíz de estas conexiones, de ese comprender al otro, se erradicó el odio del mundo. La homofobia, el machismo, la xenofobia y demás tipos de manifestaciones de odio absurdas e injustificadas desaparecieron para siempre.

Una pena que esto no vaya a ocurrir hasta 2022. En fin. Al menos es solo un añito. Intentad que no os maten por vuestras ideas, por querer a quien os dé la gana o, simplemente, por ser. Sé que es difícil pero 2022 está ahí al lado. No hagáis mucho ruido, anda. No llevéis faldas. No habléis de religión ni de política. No deis la mano a vuestra pareja por la calle. No llaméis la atención. Y si podéis fingir ser algo que no sois, mejor. Cuidaos mucho, por fa.

#3

En el año 1973, la doctora Ernestine Wagner inventó y comercializó el remedio para la resaca, la teletransportación y la clonación humana,pero sobre todo la cura para la resaca. Se trataba del único remedio 100% natural (según se mire) en todo el mercado y el único con un 100% de efectividad. Tras años de desarrollo e investigación pudo por fin lanzar una solución con la que personas de todos los lugares del mundo se despidieron para siempre de la resaca.

Su cura consistía básicamente en clonar a su compañero Yang y teletransportarlo a cualquier lugar en el que una persona lo necesitase. Yang era el típico compañero de trabajo plomizo, ese al que nadie quiere, el Michael Scott de la primera temporada. ¿Cómo se producía la cura de la resaca? Yang llegaba al lugar indicado y comenzaba a soltar la chapa. Una turra incesante, densísima y sin ningún tipo de gracia. El cliente, de manera inmediata, olvidaba su resaca. Su cuerpo y su mente solo podía responder al estímulo que Yang ofrecía.

Durante los primeros meses el servicio fue todo un éxito. Personas de todo el mundo solicitaban los servicios de la doctora Wagner y su compañero Yang. Eso sí, nadie repetía. Todo el mundo terminó aceptando sus resacas con tal de no volver a ver a Yang. Así, la empresa entró en pérdidas y tuvo que cerrar. Ernestine Wagner se quedó sola con un excedente de Yangs y terminó quitándose la vida.

Por eso hoy, en 2021, en cualquier parte del mundo se habla del concepto “el yin y el Yang”, y es que dentro de aquello bueno que nos sucede, hay algo malo. La prueba la tienes también en esta turra de historia que te acabo de contar, escrita mientras estoy de resaca. De alguna manera, todos somos un poco Yang por aquí.

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