Me encanta la guerra

Me encanta la guerra.

Me encanta, de verdad, y eso que nunca he usado un arma. De hecho, no se ni si querría hacerlo algún día, pero me encanta la guerra.

Será porque me encanta sentir cerca el peligro.
Me encantan todos sus detalles, de principio a fin. Como si siempre siguiera el mismo el orden.

Primero, el desencadenante. Una palabra, una mirada, una sonrisa, un «¿y por qué no?».
Luego la estrategia. El campo de batalla, qué posición estratégica conquistaré primero. ¿Sorprendo por la retaguardia?
Más tarde viene la acción. Busco corriendo la ansiada trinchera desde donde soy infalible. Una vez allí no hay vuelta atrás. Joder, a la mierda la estrategia. Esto es de locos.

De repente dos grandes explosiones y todo acaba. Silencio. Quizá hayan heridos pero nadie grita, al menos no como hace un rato. Terminamos muertos. No sabía que los muertos podían sudar así.

Sí, me encanta la guerra.

Especialmente la que es contigo en mi cama.

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