Cafetería improvisada

Hoy, (completar espacio según día en que sea leído), en un ejercicio de vagancia, inspiración y desafío y ante la realidad de que llevo cerca de un mes sin publicar, me dispongo a escribir un pequeño post improvisado. A continuación va usted a leer una serie de acontecimientos desarrollados por orden cronológico en directo. Por supuesto cuando lea ya no será directo. El directo es para mí, solo para mí. Mi directo…mi tesoro…¿Are you ready?

Sentado desde hace una hora en esa cafetería tan chula de San Vicente que todos conocen parece que la vida (pista para adivinar dónde estoy) pasa más lento. No sé si es por la hora o que todos estamos a un «buenos días» y «un café por favor» de arrancar pero la gente camina con más parsimonia de lo habitual. Cuando he llegado esto estaba vacío, bueno, casi vacío. Una camarera, un chico con el chandal de un equipo de fútbol clásico alicantino y el loco de los pelos (servidor).

Ahora esto está a reventar, me pregunto si habrá un concierto de La Pantoja (en España es el único acontecimiento posible para que un sitio esté a reventar). El último señor que acaba de entrar toma asiento cerca de mí. Pide infusión y tostada, en ese orden. Imagino que de haberlo hecho al revés no estaría afrontando el día todo lo bien que le gustaría. Lee el periódico local mientras espera su pedido. Se lo traen y sigue leyendo. Información 1 – Desayuno 0.

La verdad que el sitio está de lujo, ambiente semi elegantural (elegante+cultural. Es mi blog e invento las palabras que me de la gana), buena música y calidad/precio muy positiva. Entra una pareja, tienen cara de querer desayunar, no sé, se les nota. Que igual pocas cosas hay que hacer en una cafetería un viernes a las 9 de la mañana pero soy un tipo avispado y capto los detalles. El cambio de canción y su correspondiente silencio me permiten confirmar mis sospechas: vienen a desayunar. Suena reggae. En los dos últimos meses he desayunado más aquí que en casa. Estoy bien mamá, un beso.

Toses, risas tímidas, vapor de cafetera y llamada telefónica. Noto como la parsimonia empieza a desaparecer, los aquí presentes parecen vivir ahora con más ritmo, también musical (qué bien suena este reggae mañanero, joder). Infusiones, tostadas, cafés y algún que otro colacao vienen siempre precedidos de un buenos días. No está demostrado científicamente pero seguro que así saben mejor. Suena «Volverá» de El canto del loco. Dani, tío, tu antes molabas.

¿Le pareceré interesante a alguien? Sentado solo, apurando un café con leche, y escribiendo sin parar. ¿Habrá alguien escribiendo sobre mí? En fin, hasta aquí mi retransmisión en directo. Igual que los locos, volveré, seguro que volveré.

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